domingo, 10 de junio de 2012


 S e c r e t o s    y   m a n j a r e s


2002 - 2012

EDICIONES AEC



P R Ó L O G O   

 “Cocinar es la otra forma de hacer el amor” dice Miroslav, quien sale aquí con su pluma y sus sartenes, sus paletas y su inspiración checo-chilena-argentina, a demostrar, a probar y a comprobar para nosotros la suavidad del aceite, el evangelio de la harina, el ojo del fuego, el emocionado arroz, las ostras mentirosas, las nocturnas papas, la bondad del agua y el piropo de la pimienta negra.

        Su elemento y condimento es la metáfora nutricia, el gusto por la vida y la materia y literariamente, una especie muy poco frecuentada en nuestros días de deliberados y aburridos deconstruccionismos y otras negras filosofías: las ganas, las poderosas y vitales ganas de vivir y gozar y compartir vida e inocentes gozos con los amigos y semejantes. Un erotismo candoroso y alegre recorre estas páginas que nos proponen frutas y pescados, comidas al borde del mar y de las nubes, recetas milenarias y otras modernísimas, secretos exóticos y otros venidos de los delantales de la abuela, enlaces inesperados de colores, sabores, leyendas afrodisíacas y celebración de jacarandaes y jengibres.

     La inspiración panamericana de Scheuba recorre las selvas del Amazonas y lo maíz, pero su ímpetu cósmico lo lleva a derramarse por Corea y Vietnam, por Singapur e Indonesia, en busca de nuevas pistas para el olfato y el gusto, para la inspiración y el placer. Sus viajes culinarios son señales certeras de ágape, de paz, de alegría y de reconciliación, de reconocimiento por esa “enigmática abundancia del mundo” de la que hablaba Borges. De ella este libro es un ferviente y enamorado homenaje.

     Como Horacio, el sabio poeta latino, uniendo lo útil a lo elegante, Miroslav acompaña sus efusiones líricas –como su certera alabanza del sagrado sabor del curry– con puntuales, amorosas y minuciosas recetas de cuya eficacia doy fe. Pase y entre el lector con confianza y alegría  en este libro que no viene a  abrumarlo, intimidarlo o enceguecerlo, como es costumbre de la malvada literatura de nuestros días, sino a llevarlo de la mano, de los ojos y de la lengua, a uno de los pocos inmarcesibles territorios que nos quedan de armonía e ingenuo placer: el banquete con los amigos y los amantes, ocasión de ingenio, saludable hedonismo y puerta inconfundible a las confidencias más memorables de la amistad y el amor.











 
                                             Ivonne Bordelois
                                                                                                         
ODA  A  LA  SAL


Cae sal viajera
sobre mi mano,
te estoy midiendo y sopesando
en este canto.
Cae y te recordaremos,
tímido cristal del desierto.
Más de una vez
todos te hemos olvidado;
hoy no, amiga y enemiga.
Aquí te canto y te transpiro,
aquí cocino con tu bíblico sabor
que me sigue y me deja
a un punto del abismo,
casi al borde de una lágrima y del mar
que has encerrado para siempre
entre nosotros.


ODA A LA PIMIENTA 


Aprender a  vivir o a bajar el telón,
a esconder la olla o a sacar la lengua,
a cambiar tu nombre o a picar el cielo.
Tu público sabor será siempre
molido en cuenta en esa obra pícara,
donde te caes, te sufres y te gozas
acomodándote en la escena
para representar apenas
un punto en el infierno.
Que otros mientan o te alcancen 
en un sueño o en los mares del comercio.
Con la medida de un párpado
o con sólo guiñar un ojo
y al precio de una sola palabra,
nos volverías  a vender en un grano
la verdad de un mundo que no era nuevo.



ODA A LA SALSA DE SOJA


Oscura y fuerte
como una llave vieja o un secreto bien guardado.
Valiosa y rica
en las historias maravillosas de Oriente.
Bella
en la tradición de un pueblo que contempla
el amanecer que viene bajando
por la gran muralla que se abraza a la montaña.
Respetable
en el aire antiguo rodeado de dignidad
que tiene una anciana en los jardines de la tarde.
Sabrosa y necesaria,
has viajado de una dinastía a otra
y has soñado el sueño de las reencarnaciones.
Profunda y oscura
te han iluminado puntual en tu propia ceremonia.



ODA  AL VERMICELLI CELOFÁN


Frágil y transparente,
eras una verdad que ya no quería seguir escondida.
Leve y suave,
eras la sonrisa de una cinta de seda
dormida, allá en Vietnam, en un cesto de bambú.
Eras algo ilusorio en este mundo que es ilusorio
y querías ser algo efímero
en esta vida que también es efímera.
Eras reluciente, tenías miedo de perderte.
Eras un regalo, sabías lo que valías.
Eras esperado, como se espera la paz,
esa otra aventura cada día más difícil.
Por fin, has regresado y no has perdido el idioma.
Para otros, puedes resultar extraño y distinto,
no para el viajero que te vuelve a saludar
junto a la cortesía de unos calamares rellenos.



ODA  AL CURRY


De lejos
por el color,
de cerca
por la textura,
de arriba
por la altura de tu aroma,
de abajo
por la importancia de tu peso,
de adentro
por tu misterio,
de afuera
por tus elefantes.
Para mí
y tal vez para otros,
tienes un sabor sagrado
con algo de circo y mucho de religión.


ODA  AL  JENGIBRE


Llevas la firma y el sello de muchas manos
que te marcaron y reencarnaron
por los recovecos de la tierra
y las fragancias del cielo.
Ayer, soñabas en el sopor de un delirio,
hoy, sigues en la burbuja de un sueño
en una realidad percibida como una esencia,
en una estela de siglos y distancias
del viento que llega a ser un canto
y de un canto que luego es alimento.
De ojo en ojo, de boca en boca,
dormido o desfigurado,
estás en el mascarón de proa
del buque que navega por los paladares
contra viento y marea.  El tiempo te dibuja
raíz torcida por una caricia o por un desprecio.



ODA Al MANÍ 


No huyas
igual te voy a escribir.
No temas,
vas a quedar bien.
No te muevas,
te estoy dibujando:
inocente,
vestido o desnudo,
ruidoso o callado,
enojado a veces;
otras, muy alegre.
Siempre audaz y sinvergüenza,
osado, intrépido y lunático.
Como todo niño, inquieto y bueno,
como Pulgarcito, un enano simpático.
Petit Napoleón y grandísimo seductor.


 
ODA Al SATAY 


De plata antigua 
o de fierro viejo,
humilde y mellado,
afilado y elegante,
callejero o aristocrático, en Singapur te dicen satay.
Aquí te nombro recuerdo, pincho para el destierro
y ya no me importa que seas de marfil,
de bambú o que te llamen brochette.
¡Oh  satay! aquí te tengo a mano
para clavar en la memoria
el hambre que anda suelta por el mundo.
Los cerdos no te quieren, pero no importa,
nunca dejarás de prestar,
no sin cierto sincretismo,
un pequeño servicio a la humanidad.



ODA A LA ALCAPARRA 


Esto no es un verso, es un peciolo,
uno de los tantos de una flor blanca y pura
que murió para volver a nacer griega
y ser el fruto más pequeño en la cocina.
Esto no es un verso, es un grano en la guitarra,
una alcaparra oscura
que fue castigada por codicia
y transformada
en un hermoso lunar.
Esto ya no es un lunar, es una oda,
una de las tantas en una hoja con espinas
que se clavan en el alma y dejan
un sabor a luna. Nadie sabe
en qué momento este lunar vuelve a ser
una alcaparra o en que lengua o en que guitarra
una alcaparra vuelve a ver la luna sólo para cantar.




ODA Al  PANQUEQUE MANDARÍN 


¿Qué pasó contigo
en la dinastía Shang,
en la dinastía Ming,
en la dinastía Yuan?
Te probaron y aplaudieron,
pero que no se acordaron de ti
en los valles del río Amarillo,
en los refugios de Yunnan,
ni en Karakorum ni en Pekín,
a la hora de pintar una porcelana.

Aquellas dinastías
junto con sus guerreros,
sus códigos de honor,
sus biombos
y sus dragones
se terminaron, pero tú
sigues nadando en otros platos de porcelana.


A Ana María Siri


ODA AL PAN

Hermano, hermano milagroso
que has estado en las manos del Señor,
nunca faltes en la verdad de ninguna mesa,
ni en el falso mesón del ateo que igual come
ni en la pobre tabla del incrédulo que igual duda.
Menos, en la mesada del cocinero que te sueña.
Él, con el soplo de sus manos,
hace cordilleras y tormentas en la cordillera
con montañas de harina y harina en el viento.
Con los ríos de los deshielos
forma un lago que peligra
y que no se desborda
porque está la voluntad de su creación
con el amasado de la mañana.
Ocre la nube frágil baja en granizo
de mágica levadura. Los fermentos calientan la tierra
por la acción de sus pasiones.
Ahora los cerros elevados en su gracia,
ya cortados, son llevados al vientre de un sol
que los va a gestar para la vida. Al fin una voz exclama:
¡Ha nacido el pan!
A repartirlo entre todas las religiones
para que lo hagan doctrina.
Para que reciba el beso agradecido de los fieles
que algún día se irán a dormir en el cielo de una vida eterna,
o para que reciba la saliva del blasfemo
que lo muerde y lo arroja cometiendo la herejía.
Mas el pan de génesis es un símbolo
creado como la palabra. Una palabra
en este universo secreto y verdadero.
Porque Universo es el verdadero y secreto
nombre Dios y de todo este gran misterio.

A Cristina Pizarro,
por todo los panes compartidos
en nuestro grupo A.L.E.G.R.I.A                                              


ODA AL LAUREL


Árbol de las divinidades
donde cantan los pájaros de la música.
Planta del tiempo y de los libros,
sabor del mundo y de los sueños.
El río te quiere cerca y tu quieres un río.
La verdad también te busca,
como la confianza, lo sagrado,
la cruda eternidad
y la jugosa esperanza.
Laurel, fragancia entre los siglos,
perfume de de los manjares, de la noche y las estrellas.
El viento sopla y mueve una rama de la historia
y de pronto
un laurel se vuelve luz en la corona de un poeta
o en un poema verde y silencioso
que estaba escrito en las hojas de tu leyenda.


ODA A LA MENTA 


En la planta,
movediza campana;
en los ojos,
una quieta enredadera.
Fresca en el agua.
seca en la huella,
joven en la virgen,
vieja en la leyenda.
En la tranquila botella,
brillante esmeralda.
Lo que dice el sabor
no lo escribe la arena
y lo que trae tu boca
se lo lleva una lengua
cuando te vas en perfume
o en fragancia te quedas.
Siempre fuiste, siempre serás
sencilla y humilde,
humilde y estrella.
A Graciela Aráoz


ODA A LA CANELA 


Canela amor de repostería y de ponches coloniales,
 venías después de haber paseado por la Alameda
o llegabas, luego de la cena y antes del café.
Tu amor, aroma que todavía encariña,
espera sobre las cenizas de un brasero,
lo mismo que la noche espera la luna y los jazmines.
Como toda especia, amiga
de la más íntima alacena
o de la página más secreta de un libro.
Inmutable, visible o invisible,
tu cálida presencia nos recuerda
el retrato de nuestros abuelos en marcos de caoba.
Guardada como siempre junto al clavo de olor,
al lado de tu prima la vainilla.
Más de un poeta te ha visto en un baile paquete
bailando mejilla a mejilla con el negro chocolate.
Tu alma ha recibido una herencia
de pianos y de postres y la fragancia del pasado.
 Como de costumbre, vuelves una y otra vez
en el tiempo fugaz
de toda música,  sabor y  perfume.



ODA A LA VAINILLA  


Línea en sombra trazada en la lengua
que desde hace años baja del sol.
Cápsula o capullo del olvido
que florece como orquídea
que entra en un violín y sale de un vals.
Nombre y planta,
mirada y crema,
espera y saliva
en una exploración por la selva,
en el recuerdo de la lluvia.
Infancia y montaña,
aire y memoria,
 tierra y perfume
en la dulce y oscura sonrisa
del agua quemada por la luz.




ODA A LA ACEITUNA  


Cuando una aceituna llega a tu boca
lo primero que debes hacer es mostrarle toda la casa.
Deja que ella hable y llévala
de un lado para el otro, en una lenta cadencia sensual.
Escúchala, siempre tiene algo que decir, es milenaria.
Tómale la presión y mídele la tristeza.
Si anda mal de ternura, perdónala, la ha endurecido la vida.
El sabor verde oliva es una escalera con muchos peldaños.
Por ahora, subamos los primeros diez:
El primero, sabe a Mediterráneo.
El segundo, a trabajo de un aceite bien guardado.
El tercero, a gusto oscuro de barril con aventuras de bodega.
Y sigamos subiendo
por la luminosa y suave neblina de una huerta.
Por un secreto viejo que aún tiene restos de sal y de lejía.
Por ese dejo a perfume de olivar
cultivado por manos ya gastadas.
Por la nostalgia de un pasado que se fue en barco.
Por la semilla de una pena que brotó como recuerdo.
Por ese ligero regusto a paloma de la paz,
 a paloma mensajera o a paloma equivocada.
Y por la tranquila voz guardada
en un cántaro evangélico.



                    
 “Miroslav, el alquimista, del verso y del buen bocado.
Ni Marta –Martona Casares, ni su marido Bioy, 
ni su hijo Adolfito, ni Georgie (que tenía los dones)
hubieran podido componer versos más frescos y sabrosos
que los tuyos en homenaje al yogurt.”

Oscar Tafetani
Balvanera, diciembre de 2009

 



ODA AL YOGURT  


Anciano como el espíritu de la nieve
y sin embargo, nuevo como el suelo de la luna.
Dormido como el olvido
o despierto como un recuerdo,
estás guardado en el secreto de una esperanza,
en lo sabio y creativo de un don,
en lo bueno y cercano de un amor limpio.




LOS CHAMPIÑONES  

Canción de cuna

La madre lluvia y el padre sol
sobre las hojas del bosque
hicieron y deshicieron el amor.
Hijos, hadas y hongos tuvieron,
algunos fueron famosos y otros no. 
Medicina estudió el mayor y la penicilina inventó.
El segundo fue cocinero,
aprendió francés y llegó a  champiñón.
El del medio no quiso ir a la escuela
por tener alma de duende.
Otro fue un príncipe gobernante
y a más de uno envenenó.
El penúltimo fue poeta y aún
 escribe y escribe lo que no se vende.
El último no quiso ser cura y el diablo se lo comió.


la poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre

Luis Cardoza y Aragón, poeta centroamericano

CALCIO  Y  CARBÓN 

Leche,
azúcar,
crema,
queso de cabra,
hielo,
sal.
No, no es una receta.
Harina,
arroz,
algodón,
talco,
aspirinas,
pasta dental.
No, no es una lista de compras.
Nieve,
espuma,
nube,
luna,
perlas,
ángeles.
Son sólo blancas ideas 
para que pasen delante de  tus ojos negros
y no me olvides en esta noche inmensa
donde la noche es puro carbón
y el carbón está lleno de estrellas.


Guacamole 

1 CEBOLLA   2 JITOMATES (tomates)  3 AGUACATES (paltas) y  4 CHILES (ajíes)

Esta preparación también lleva
un poco del aceite de la bondad,
unos silbidos de cilantro picado fino y la sal de nuestra experiencia.

Uno es el Universo, uno es Quetzalcóatl, una es tu familia.
Entonces, pela una cebolla sin llorar y pícala por todos ellos.
Dos son los caminos de la vida: 
uno es de luz, y el otro, de sombras;
elige bien, pela los dos jitomates y pícalos
por alguno de los dos caminos.
Tres o más son las artes que pueden ocupar tu tiempo:
el arte de la agricultura, el arte de los signo, el arte de los colores;
muele por algún arte los tres aguacates
y no habrás molido en vano.
Cuatro son los destinos de tus alimentos:
tus ojos, tus manos, tu corazón y tu memoria;
pica por ellos los cuatro chiles y con lo que veas,
con lo que escribas, con lo que sientas y con lo que recuerdes,
 tu vida será cada día un poco más alta
y tu muerte, cada vez más pequeña.

A Juan Villoro





BOUQUET GARNI     
 A Ester de Izaguirre
Una vez más, los dos han sido expulsados del Paraíso
y la amargura los ha tenido sin hablar y sin comer.
El pecado original, frutal y peligroso, fue y sigue siendo
cometer dos o tres veces el mismo error.
Fueron los primeros en comprobarlo
y así, perdieron para siempre una morada
donde todo estaba servido en abundancia. El árbol
de la tentación,  es el mismo árbol de la última oportunidad;
qué importa ahora que la planta diera manzanas o membrillos.
Los dos buscan un refugio. Él está tendido y derrotado,
pobre de sueño, huérfano de ángeles y despojado de estrellas.
La mujer, decidida y enojada, ha salido a cazar.
 Después será Eva, será Diana o la que ha retenido una liebre
que se había quedado atrapada a la salida de una cueva.
Sabe que si quiere comer, la liebre tiene que morir.
Ya le ha  quitado la vida, ya la ha limpiado. Hubiera preferido
ser la liebre y no la que ha encendido el fuego.
Esconde su trofeo y se va al río a buscar agua;
por unos tranquilos momentos de luna, quiere estar sola.
Se tiende en el prado bajo el amparo de un árbol honorable
y a su lado, algunas hierbas con su fragancia la consuelan.
 Una mano va ordenando estos verdes remedios en la otra:
la humildad del perejil, la esperanza del tomillo,
la fortaleza del estragón, la paciencia del romero.
El árbol de los honores, que no por casualidad es un  laurel,
deja caer gloriosamente algunas hojas perfumadas
y ella se da cuenta de que no todo está perdido o encontrado.
Luego, prepara su liebre cocinándola con las hierbas y sus sabores
y el humo y los perfumes llaman al ausente.
Adán regresa,
la liebre ya ha sido purificada por el fuego
y comparten la comida como han compartido el castigo.
La noche oscura va pasando, ya vienen días nuevos,
 los espera el sudor, un duro camino y una larga historia.


  

Los mayas,  los hombres del maíz

Los Mayas, fascinados por el mundo, estudiaron el cielo y el agua que alimentaba su civilización vegetal con los sacrificios de la sangre.

Iluminados por el sol, encontraron en el maíz los números y las letras  de la sabiduría que llevaron a los templos con el poder de su voz.

Vivieron bajo los ritos del  fuego y usaron máscaras que adornaron con piedras de jade y con los dientes de la noche, las estrellas. Una noche se fueron casi todos y cada tanto, regresan en el maíz.

Con los dioses, padres del cielo, la fertilidad y los sueños, los Mayas entregaron sus ofrendas y soplaron  las nubes para que en la tierra cantara la lluvia.



El curanto mapuche

A cavar un pozo de trueno en la tierra y a calentar las piedras volcánicas. Entre ellas se cocinará el curanto para mañana. Los lugareños, además de abrir el curanto, sólo esperan tierra sin temblores, cielo sin cenizas, ríos sin lava y que el mar se quede en su lugar. Esas manos, que ahora tejen el tiempo con la esperanza y el frío, fueron manos araucanas y antes de ayer, incendiadas en la historia, hicieron monedas que iluminaron la noche. Las cicatrices siguen doliendo en la voz de Violeta Parra que cantando nos avisa que quiere comer curanto con chapalele. En esa olla subterránea, donde está el alma del negro suelo, se cocinan los frutos de la tierra y del mar. Blancos pollos junto al inocente cordero rodeados del candor del apio y del repollo tomarán los jugos de los erizos y las sales de calamares, almejas, lapas y mejillones en un reino subterráneo de la Isla de Chiloé. Alguien nos dice que los chapaleles  fueron amasados con papas nocturnas y con la harina del trigo de la llanura. El curanto, sueño y almohada, es un manjar oceánico que ahora nos despierta.  



Quínoa, una de las dietas andinas

No lejos de tu casa, cerca del supermercado, está la humilde Colla que vende limones, ajo, albahaca y otras hierbas. Ella también tiene quínoa y con 250 gramos de este cereal andino pueden almorzar cuatro personas. A la noche, deja remojando en agua el cuarto kilo de quínoa y olvídate. Al otro día, estará más orgullosa de su historia precolombina. Cambia el agua varias veces a modo de repetidos enjuagues y ponla a cocinar con un cubito de caldo de verduras. Sonríe ante ese mundo incaico y agrega verduras picadas como joyas de diferentes colores: la esmeralda del pimiento verde, el cristal de roca de la cebolla, el marfil del ajo, el coral de la zanahoria, el oro del maíz y los rubíes de los más rojos pimentones. Con una cuchara de madera, prueba y opina, mientras revuelves lo que en 20 minutos estará listo para ser llevado a la mesa en honor de los Incas que fundaron el más espléndido de los imperios socialistas sin tener  noción alguna de las teorías de Karl Marx y Friedrich Engels, ideas que llegarían más tarde para tratar de organizar a la sociedad humana bajo un sistema político donde  el bien común es el plato principal.


Los frijoles de América latina 

Preparemos el Pabellón Criollo, plato venezolano, con un kilo de arroz en una olla limpia y decente. Cuidemos con atención de laboratorio experimental, que el arroz quede a punto. Tengamos en cuenta esta consigna gastronómica: cocinar es la otra forma de hacer el amor. En una olla vecina, guisemos un sentimental kilo y medio de caraotas, esos frijoles que casi son azules de tan negros, mayor razón cartesiana para dejarlos en remojo. Para este guisado usemos el método simple del sentido común, es decir, no mezquinemos la humildad de la cebolla picada fina, un par de ajos, antídoto contra toda mala metafísica, y un tazón de puré de tomates, que hará que este guiso sea magistral. Cortemos dos kilos de carne de ternera –o de cualquier otro animal que se ponga a tiro– que en una sartén vamos a rehogar sobre una delgada cama de cebollas perfumadas con aceite para que, a música de bolero y a fuego lento, su cocción sea inolvidable. Para servir, pongamos en un sector de una fuente ovalada, elegante y silenciosa, el emocionado arroz; y en el otro, al lado de la tentación de la carne, los frijoles que han triunfado integrando América latina.


Sopa paraguaya 

600 g. de harina de maíz  /  ½ kilo de cebolla en rebanadas
350 g. de queso cremoso / 1 litro de leche
8 huevos / ½ taza de manteca
½ taza con la bondad del agua  y un algo de la sal de la vida

Preparación
Retirada del fuego la leche que ha hervido en una olla, vierte de golpe  la harina de maíz revolviendo rápidamente. En una sartén grande calienta la manteca y agrega la cebolla; tapa la sartén dejándola ablandar hasta que se dore. Añade la sal y el agua. Une esta preparación a la anterior, más el agregado  del queso desmenuzado y los huevos batidos. Vierte todo en una asadera enmantecada y llévala al horno durante 20 minutos de chamamé.


Ángeles en ruina

Con la tierra y la lluvia los horneros haciendo su casa son la otra vida de los guaraníes en cascadas, nubes y cielo. Tapes, itatines, guaycurúes son ramas del mismo ñandubay. Lo inesperado respira en sus nombres y detrás del arco iris viven en el rugido amazónico. De pronto, caen en las mercenarias redes de los sicarios portugueses. Esclavos de América enredados con esclavos de África. La conquista y los conquistadores los cotizan esenciales como el río Paraná, donde el guaraní se mira la cara y se pinta el cuerpo según haya tenido una noche yaguareté o un amanecer jabalí. En los descuidos del bosque, cultivan la guerra, el maíz y las calabazas, cuyos frutos ya secos y limpios se entregarán al tereré, la fresca bebida que preparan con agua  y caá, la yerba mate. De la mano de los Jesuitas se vuelven escultores y trabajan la selva y los evangelios. Después de siglo y medio de luminosa armonía y suave música, una grieta en la piedra divide la cara del ángel. Luego el derrumbe.


NECROLÓGICA PARA UN JABALÍ

La vida de este ser fue una permanente actividad de servicio hacia el logro de un encuentro de tenedores y cuchillos donde distinguidos comensales han sido convocados. El Jabalí, aquí de cuerpo presente, fue un ejemplo de dedicación y de militancia natural es su indiscutible legado para un ágape, pero fundamentalmente para la reivindicación de las alternativas gastronómicas. La muerte de este valeroso camarada nos señala la necesidad de una lucha irrenunciable, cualidades que van unidas a una acción, a una conducta y a una doctrina. Cuando nos pregunten si este Jabalí murió en buena Ley, diremos que sí, porque el recuerdo de su sabor  seguirá  viviendo en La Fisiología del Gusto y otros panegíricos. Este digno ejemplar vivió para encarnar la esperanza moral de una buena digestión más allá del fuego que ha  purificado su carne, la que tiene que ser masticada con inteligencia y gratitud. El creía profundamente en las proteínas que defendió tenazmente bajo un marco de legalidad y justicia, por lo tanto, su mensaje siempre estará vigente. Con Jaba o Jabalito, o simplemente Lito para sus más íntimos,  desaparece una de las figuras más puras y desinteresadas del salvajismo argentino, porque a lo largo de una vida que estuvo  marcada por la valentía, supo poner mejor que nadie eso que otros no tuvieron. Courage is grace under pressure, decía Hemingway. El coraje es una gracia bajo presión. Él lo demostró con sus colmillos y sus ejemplos en las causas más nobles y sinceras, para enseñarnos cuáles eran sus  ideales y porqué y para qué los había pregonado, al igual que los más grandes animales salvajes de la patria, ejemplares  que el día de mañana también vendrán a honrar esta mesa, porque como dice el refrán, a cada chancho le llega su San Martín.

A Luis Lahitte,  al Dr. Ottino, Pancho Ottino, Alejandro Maglione y a
Fernando Vidal Buzzi, testigos del ágape en casa de los Ottinos.
                                                                                                             

R e c e t a   i n v e r n a l

                                                                                       No despiertes, si el perfume del incienso ha entrado en tus sueños.

                Toma un trío de naranjas llenas de luz
                y fríamente córtalas despacio.

                Menos las treinta y tantas semillas,
                envía todo al remordimiento de una licuadora
                y el resultado llévalo a una fuente.

                Agrega a ese descubrimiento
                tres cucharadas de harina evangelizadora,
                tres, de espiritual azúcar morena
                y de una cifra o un milenio, sólo tres huevos.

                Une y mezcla todo para el olvido.
                (Apaga la radio o el televisor; ellos cortan
                con cualquier recuerdo la crema del silencio.)

                Ten la sartén por el mango y ponla en el ojo del fuego
                dejando caer sobre ella la suavidad del aceite del sol.

                Acto seguido,
                vierte esta preparación invernal sobre la sartén.
                Si las frías leyes de la envidia no se cumplen
                a las cuatro o cinco pestañas o minutos,
                saca del fuego la tortilla
                y mójala con un buen ron, esa felicidad hecha licor.                                 
                                                                    
                Para probar esta receta  no es necesario
                tener el consentimiento de los Paladares Unidos,
                sino de una música que viene
                de un cuadro o tal vez, de una ventana.
                                                 


                                                             
O S T R A S    C O N    P E R L A S    C U L T I V A D A S

Aprenda a conocer las ostras,
las frescas son egoístas y cerradas.
Tenga en cuenta la matemática
y no compre sin entusiasmo,
piense en docenas y alégrese.
Si está oscuro, triste o melancólico
deje las ostras para otro día
y practique el ostracismo.
El segundo relámpago
es aprender a abrirlas; es todo un arte.
Si se corta un dedo, insulte.
Luego, lávelas con la bondad del agua.
(Ellas hacen el amor en la playa
y siempre están sucias de arena).
Pruebe a la que considere sospechosa
y si le miente, escúpala. Es un deber
acordarse de tener limón a mano y mucho hielo.
Y no olvidarse del vino; mejor con espuma.
Perfume  a las otras con jugo de limón
y consiga un collar de perlas falsas y suéltelo
sobre el hielo picado, lecho nupcial
de ostras y de perlas, que si de pura emoción
de falsas pasan a ser verdaderas,
usted es un poeta.


DOS POEMAS ECOLÓGICOS


                                                                                                                                                                                                                                                                                  
                                                                                                                                                       a Ivonne Bordelois
L A    M Ú S I C A    D E L   J A C A R A N D Á


Qué es el árbol sino el tiempo que ha crecido,
qué es el tiempo sino ese árbol que ha pasado,
y qué es hoja sino todo eso que has borrado,
más todo lo borrado, retoño del olvido.
Qué es jacarandá sino música y vida,
qué es la vida sino aquella flor en llama
azul o lila, según  el fuego de la rama
que viene subiendo de la raíz escondida.
Y qué nos queda escribir sobre esta tierra
cuando ya no es tierra en el bosque talado
donde ha trabajado el hacha y la sierra.
Qué poeta no es al fin un árbol derribado
o lo peor, el árbol que alguien destierra
del Paraíso. Adán otra vez castigado.

                                                                                                                                                                                                    



O R A C I Ó N     A  M A Z Ó N I C A 

¡Oh Señor! desde el enfermo corazón del Amazonas, nosotros,  hermanos de diversas comunidades amazónicas, elevamos a Tu corazón esta plegaria.

Aunque Tú no nos veas, nosotros desde la selva te miramos cuando miramos el cielo. Aunque Tú no nos oigas, nosotros en la cueva te escuchamos en silencio. Aunque Tú no nos hables, nosotros en el medio de la inundación te hablamos con el pensamiento.

Somos los que tenemos muchos nombres, somos los Yanomamis que estamos rezando por las tribus de Venezuela; somos los Caucanos que estamos rezando por las tribus de Colombia; somos los Xavantes que estamos rezando por las tribus de Brasil.

Aunque otros nos pongan piedras en el camino, con la oración hemos encontrado un camino para agradecer. Gracias Señor por las lianas de la Fe, aunque otros sin avisarnos nos tiendan lianas electrificadas. Gracias Señor por los ríos de la Esperanza, ríos que cada vez están más contaminados. Gracias Señor por los árboles de la Paciencia, aunque por otros sean talados e incendiados. Gracias Señor por el aire que respiramos, aunque a veces es más humo que aire, pero igual lo compartimos como compartimos el agua y el pan.

Gracias Señor por habernos enseñado a rezar por nosotros y por nuestro Amazonas, digno de alabanza y digno de perdón.


R e c e t a    e n c o n t r a d a     e n    u n    d e l a n t a l    d e    m i   a b u e l a

Mi abuela, Inés Cifuentes,  era limpita pero ese delantal estaba sucio y olvidado. Con mi hermana lo encontramos en un viejo cajón de manzanas esa tarde que no fuimos a catequesis.  Habíamos subido al desván para escondernos y de paso, buscar tesoros. Las personas mayores suelen olvidar lo que han guardado, con mayor razón si ya están en el cielo. No encontramos plata, pero ella dio con el delantal donde estaba la receta del arroz con leche y un frasquito que no pudimos abrir. Yo descubrí una caja con llaves antiguas que mi hermana observó con ambición y sin dudar un instante, me dijo: “Receta y frasco son tuyos, a vos te gusta cocinar. Dame las llaves”.
          
     Nos peleamos. Con los años fui perdiendo las llaves y ella,  el misterioso envase y la receta. Menos mal que la leí antes de la batalla, pero nunca supe bien qué contenía el hermético envase; recuerdo que era un líquido blanco y lento.  Como ingrediente, era importante en un grado mínimo: “…7 gotas de esencia…”

     Muchos años después, en diciembre de mil novecientos setenta y ocho, Alicia Jurado, escritora que me dejaba visitar su biblioteca, me invitó a pasar la Navidad en su casa. La convocatoria navideña venía con signos de preguntas y una exclamación. ¿Qué podemos preparar de entrada?  Amén del pan dulce, ¿qué servir de postre? Los signos de exclamación eran para anunciar que vendría ¡Georgie! El plato principal sería una tranquila pavita que se cocinaría en su casa. Sin ir más lejos, la anfitriona me recomendó que pensara en arroz, que era una de las comidas predilectas de su invitado de honor.  Sugerí consultarlo y pedí su número de teléfono. Después de vacilar, ella me dictó la cifra en voz baja como quien revela el secreto de una cuenta bancaria en Suiza.

    Para la entrada había pensado en unas tartinas de caviar y huevos de codorniz. Para el postre, en un arroz con leche bien frío con salsa tibia de dulce de leche. Por las dudas, llamé a Borges.  Le conté quien lo saludaba y le hablé del menú. Aprobó de buena gana el postre y reprobó el costoso caviar con una frase tajante: “M’hijo, no quiero ser guarango, pero usted no se complique la vida, nada de caviar ni de  codorniz; arroz con arvejas.

    Esa noche me acosté pensando en el menú y sentí el miedo al demasiado arroz. Debió haber sido por eso que soñé con mi abuela que me explicaba el paso a paso de lo que había guardado en su delantal. Menos mal que a la mañana recordé el sueño y pude redactar una versión de la receta:

    La noche anterior y después de lavar dos veces el contenido de dos tazas de arroz, dejar remojándolo en agua con siete gotas de esencia y una ramita de menta. Al otro día, a fuego lento, durante 15 minutos y sin dejar de revolver, poner a cocinar el arroz en una olla con una taza del agua del remojado, más cuatro cucharadas de azúcar negra, tres tazas de leche, dos clavos de olor y una ramita de canela. Enfriar y guardar en la heladera. En otra olla poner a hervir dos tazas de leche y apenas la leche comience a subir, bajar el fuego y agregar de a poco el contenido de dos tazas de dulce de leche de repostería. Revolver hasta formar una salsa chirle y apagar el fuego. Disponer las compoteras y servir primero el arroz con leche bien frío y encima, servir la salsa tibia de dulce de leche.

    La cena fue memorable, no por la comida sino por las ocurrencias   del  maestro de la literatura.  Cuando terminó de comer el postre, pidió que le sirvieran un poco más con este argumento: “Este arroz con leche está muy bueno, tiene el sabor de la patria; quiero más." La clave estaba en el frasco, ya que según la receta del delantal, al agua donde se cocina el arroz se le debe agregar  siete gotas de esencia de jazmín.

A María Kodama


 Recetas latinoamericanas
 para tiempos difíciles

Foto de Sebastián  Beláustegui, explorador de nuestra América profunda

                                                                                                                                                 A Víctor Redondo
  
Milanesas argentinas
Ingredientes, herramientas y voluntades

1 berenjena negra, brillante y grande como una teta de monja correntina.

100 g de harina de soja proteica, millonaria y despiadada.

100 g de margarina no cotizada en los mercados de Rosario o de Chicago.

1 taza de pan rallado a mano con el sacrificio de un padre sin
trabajo que ralla mientras mira televisión  y no sabe lo que hace.

2 huevos de gallina entrerriana alimentada con balanceado desprovisto de viagra.

2 dientes caninos de ajo de ortodoncia miserable.

1 manojito de perejil, que como bien sabemos, todo perejil es humilde e inimputable.

1 pizca importante de sal que represente a los mares y a los desiertos de Santiago del Estero.

1 párpado de pimienta afanado de reojo en algún supermercado chino.

1 afilado y peligroso cuchillo de violencia cotidiana.

1 sartén, aunque de mango prominente, vieja, tiznada
y golpeada por la indiferencia de todos los gobiernos.

Y por último, 1 poco de tímido y pálido fuego subvencionado con fondos públicos.

Acción

Corta la sabrosa carne de la berenjena en milanesas delgadas y luego, con la punta del cuchillo, dibújales rayuelas, tatuajes, corazones y flechas.

Derrite la margarina en la sartén y unta, con algo de ese óleo, ambas caras de las rodajas de berenjenas económicamente libres, socialmente justas y políticamente soberanas.

Revuelca las berenjenas sobre la harina de soja y golpéalas para que los nutrientes del suelo de la patria se incrusten en ellas para siempre.

Pica el desgraciado perejil y los ajos desdichados, pero no te pongas triste.

Una vez más, rompe los huevos y bátelos. Para no insultar a nadie, canta o silba.

Agrega a este batido la sal santiagueña, la pimienta china y las desgracias y desdichas de dientes y perejiles.

Unta con este batido condimentado las milanesas y luego, espolvorea sobre ellas el rallado pan del subdesarrollo y golpéalas con la palma de la mano para que el pan se impregne y no se mande a mudar.

Fríe las “milas” en la sartén donde la “marga” se derrite de amor tan sólo para que puedas tener, con estas fantásticas milanesas argentinas,  una pseudo felicidad en la mesa de tu hogar.

Cochayuyo con papas

(Comida para chilenos bajo el límite de la humildad)

Ingremuelas para 4 platos

1 manojo de cochayuyo seco de 300 g
2 papas grandes, blancas e inocentes
1 cucharada de ají de madre de profesión equivocada
1 cebolla de buena familia y 2 ajos, parientes de aquella
1 gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo de aceite
1 limosna de sal

Acción y pasión

En las vísperas de este banquete, deja remojando la noche anterior el cochayuyo sabiendo que esta hierba del mar ya la comían los habitantes del movedizo territorio chileno siglos antes de que llegara la cruz y la espada.

Al otro día escurre el nerudiano cochayuyo y en esa agua salina pon a hervir las papas sin haberlas lavado y pelado durante  7 Odas Elementales del poeta mayor del continente, teniendo en cuenta que una oda sólo tiene aproximadamente 3 minutos. Tampoco leas rápido porque te van a quedar las papas crudas.

En la pobre sartén vierte el Gloria al Padre de aceite y fríe la que te hace llorar con sus parientes, a quienes ya has picado en silencio. Agrega la picazón del ají de la madre de la antigua profesión equivocada y deja caer también la limosna de sal.

Cocina el cochayuyo picado en versos durante 7 odas. Después,  pela y parte al medio las papas. Cuando cochayuyo y papa estén servidos, vierte sobre ambos, el sofrito picante. Aunque no creas, pide al de arriba que bendiga el cochayuyo, el pan, el vino y a todos los que estén en tu mesa.

Ceviche peruano de bajo costo

Ingredientes

1 linda corvina recién salida de la playa u otro pescado de   
    carne joven, suave y optimista
8 limones conseguidos a pagar
4 cebollas y tres ajos, también adquiridos a plazo
200 g de ají rocoto molido y pagado al contado
2 ramitas de cilantro conseguidas por cortesía
Sal y pimienta ahorradas de antemano

Acción 

Jazmines en el pelo y flores en la cara, airosa caminaba… la flor de la canela.” Sácale todo el jugo a esta canción y a los 8 limones.

Desviste el pescado y córtalo en cubos de una pulgada de mar. Una pulgada de mar es más larga que una de tierra.

Sin dejar de cantar, corta las cebollas a la pluma y en un mortero o sobre alguna piedra ancestral, muele los ajos.

En un bol vierte el crédito de todos los limones y agrega los ajos molidos, el ají rocoto, un proverbio de sal  y un piropo de pimienta. Revuelve este líquido con los últimos compases de la canción de Chabuca Granda.

Rocía el pescado con ese ácido jugo musical y deja que los trozos de pescado reposen en paz durante la eternidad de una hora.

En el momento justo de servir, agrega sobre  el pescado las plumas de cebolla y las hojas de cilantro que sólo piden música.

Llapingachos ecuatorianos  -plato regional andino-


Ingredientes para 8 llapingachos

U$A 0,50 de papas
U$A 1,50 de queso fresco
U$A 0,30 de mantequilla
U$A 0,50 en 8 huevos de gallina
U$A 0,50 en suavidad de aceite
U$A 0,40 en 8 hojas de lechuga
U$A 0,20 en salsa de maní
U$A 0,10 en pizcas de sal y pimienta
         4,00

Inversión

Pela cuidadosamente las papas y retira de ellas sólo la piel. Llévalas a hervir.

Ya hervidas y con el capital invertido en mantequilla, sal y pimienta, písalas hasta hacerlas puré.

Sin perder tiempo o dinero, con el puré forma tortillas y poniendo sobre cada tortilla un poco de queso fresco, fríelas en la suavidad del aceite durante un tiempo prudencial, es decir, unos segundos antes de que el queso se derrita y se vaya.

Pon estas tortillas fritas sobre hojas de lechuga previamente lavadas y salpicadas con salsa de maní.

Sobre cada tortilla pon un huevo frito y ya puedes llevar a la mesa estos llapingachos que cuestan cincuenta centavos de dólar cada uno.

Bandeja Paisa servida en Bogotá

Artículos
1 k de frijoles colorados remojados la noche anterior
4 manitos de cerdo
2 plátanos verdes  (1 para rallar al compás de una salsa
   y los otros 3 para freír. Matemáticas + realismo mágico)
300 g  de arroz cinco cruces y un rosario (del bueno)
4 choricitos
4 morcillitas
4 huevos de gallina
1 taza de chicharrones caseros y fritos en el momento
Sal fina, sal gruesa, pimienta negra y blanca


Redacción

Pon a cocinar los frijoles con las manitos de cerdo y un suspiro de sal gruesa. Al cuarto de hora agrega la ralladura del plátano verde; al otro cuarto, agrega las pimientas y apaga el fuego.

Cocina el arroz con el caldo de los frijoles y no te distraigas, el arroz pasado de punto es sólo para sicarios.

En platos ovalados, al medio sirve los frijoles con una manito de cerdo. Luego, forma un óvalo con arroz a punto y rodea el plato con rodajas de plátano frito. Sobre el arroz pon un choricito, una morcillita, un poco de chicharrones y en el último espacio libre, un huevo frito espolvoreado con una pestaña de sal fina.

Jamás olvides de poner en la mesa las arepas. Las arepas son y  serán el pan del pueblo, de la república y de la nación.

Sancocho de gallina panameña

Insumos

1 plumífero mayor con la fecha casi vencida
5 papas peladas y cortadas en trozos
1 raíz de yuca o mandioca pelada y cortada
2 plátanos verdes picados a mano
1 brote de puerro cortado en monedas
1 elote o choclo cortado en dentaduras
1 tomate avergonzado
1 cucharadita de azafrán
1 manojito de cilantro, tomillo y perejil
Sal de oficina
Pimienta de barco

Intervención

Liquida, despluma, limpia, baña y troza al plumífero. Pon a hervirlo con las verduras cortadas, más los insumos perfumados, algo de sal y alguito de pimienta.

Cocina el ave durante todo un CD de Rubén Blades, si terminado el disco aún faltara cocción, pon de nuevo Pedro Navaja.

Con el caldo del plumífero cocina el arroz y cuando ya esté a punto, le agregas la melodía fragante del azafrán.

Cuando sirvas, avisa que está caliente. Un tajo con navaja siempre es algo desagradable.

  
Arroz con pollo “a la tico” un plato de Costa Rica

a Eduardo Otoya Boulanger,
ex embajador de Costa Rica en Argentina

Lista de compras

1 volátil de buen peso cortado en tiras alargadas
1 k de arroz de oferta
1 cubito de caldo de verduras de segunda línea
½ taza de aceite de girasol
1 zanahoria
1 tallo de puerro
1 tallo de cebolla de verdeo
1 zapallito verde
1 cebolla morada picada fina
1 pimentón verde
1 pimentón rojo
1 par de hojas de laurel
1 pizca de comino común y corriente
2 pizcas de sal y una pizca de pimienta
1 canasta de papas fritas cortadas en finas rodajas

Producción

Pon a hervir abundante cantidad de agua potable.

Limpia la sartén de los casamientos (70 cm de diámetro).

Vierte sobre ella el aceite y la cebolla morada picada fina. Cuando esté dorada, agrega el arroz y con una cuchara de madera, comienza a dorar el arroz. Después, vierte agua hirviendo, baja el fuego y agrega el cubito de caldo.

Corta todas las verduras en juliana y agrégalas a la sartén. Revuelve, condimenta, agrega las tiras de pollo y las hojas de laurel. Cuando el arroz esté apunto, sirve el plato y decóralo con las papas fritas.

Nacatamales de anfibios nicaragüenses

Pertrechos

1 anfibio de no más de 5 k recién sacado del río
¼ k de tocino con poca grasa
8 papas gordas
3 tazas de arroz
1 tazón de aceitunas negras y media taza de pasas de uva
4 cebollas
5 tomates y 5 chiltomas o morrones
1 taza de salsa de chile
2 cucharadas de alcaparras
1 cartuchera de especias surtidas
sal fina de iglesia y sal gruesa de arsenal
1 gran ramo de menta de jardín
masa para tortillas en cantidad
dos docenas de hojas de plátano cortadas de 30 x 30 cm
1 rollo de fibra de las hojas secas del bananero
1 olla como para todo un batallón


Ejecución

Liquida, desolla y extrae toda la carne blanca del anfibio. Córtala del tamaño de una munición  y condiméntala con especias surtidas y hojas de menta. Busca agua tranquila del lago para remojar el arroz. Sobre una mesa de campaña forma las hojas. Pon sobre cada hoja un poco de masa aplanada.
Distribuye sobre ellas la carne del anfibio, pequeños dados de tocino y una cucharada de arroz remojado. Completa con rodajas de papa, de cebolla, de chiltomas. Luego, ametralla con aceitunas, pasas de uva y alcaparras. Salpimenta, cierra los paquetes, amárralos y anúdalos.
Cocina los nacatamales en la olla grande con bastante agua y sal gruesa de arsenal durante la lectura, sin apurarse,  de 25 a 27  poemas de Ernesto Cardenal, incluyendo algún soneto.


Montucas hondureñas

Ingredientes y penitencias

400 g de carne picada de un cerdo pecaminoso
2 choclos  y ½ taza de leche de vaca
2 cebollas picadas
2 tomates grandes y maduros
2 pimentones, uno rojo sangre y otro, verde selva
2 ajíes de madre de negocios nocturnos
2 cucharadas de manteca
1 cucharadita de sal fina y 2 de sal gruesa
½ cucharadita de pimienta blanca 
½ cucharadita de achiote (pimentón en polvo)
1 pizca de azúcar negra
1 pizca del casi anónimo y recóndito comino
varias hojas de plátano
y varias fibras de hojas secas del mismo bananero

Acción y oración

Desgrana los choclos y muélelos con leche para formar una crema que vas a condimentar con sal fina, pimienta y una pizca de azúcar negra. Cocina el choclo molido a buen fuego durante un Padre Nuestro, un Credo, un Yo pecador y un Ave María rápida.
Lava, pica y canta las verduras.
En una sartén de medida generosa pon la manteca y vuelca la cebolla picada para rehogar la carne del cerdo condenado al fuego. Agrega el insignificante comino y el curioso achiote.
Une la crema de choclos cocida y rezada con el rehogado del cerdo pecaminoso y con las verduras libre de todo mal, incluyendo el ají.
Prepara y corta las homas o envoltorios con las hojas de plátano y pon en cada homa un par de cucharadas del ecuménico relleno. Amarra con fibras y lleva las montucas a una olla profunda con agua y sal gruesa para cocinarlas lo que dura una misa con el obispo. Sirve las montucas aún tibias.


De El Salvador son las pupusas

Requisitos

2 tazas de harina de maíz “Maseca”
100 g de margarina
1 taza de guiso de frijoles
1 taza de chicharrones recién hechos
sal y pimienta como manda la melodía
agua del cielo

Interpretación


Vierte la taza de guiso de frijoles en un bol, pisa los frijoles hasta formar un puré y agrega los chicharrones.

Con la harina de maíz y el agua del cielo forma una masa que mejorará como tal cuando le agregues la margarina. Sin amasar, deja que el bollo de masa repose en silencio en un lugar fresco y agradable.

Cumplido el tiempo de reposo, estira la masa y forma pequeñas tortillas del diámetro de la boca de un vaso.

Pon esa tortilla en la palma de tu mano y forma una pelotita de ping pong. Luego, con el pulgar le haces un agujero por donde le introducirás una cucharadita de puré de frijoles con un chicharrón y cierra la pupusa.

Pon a calentar el comal donde vas a dorar las pupusas que servirás cuando comience a cantar Glenda Gaby desde un CD. ¿Quién es Glenda Gaby? ¡Una dulce voz salvadoreña! 


Tortillas Pío Pío para comer en Guatemala

Ingredientes y utensilios para las tortillas
4 tazas de harina de maíz “MASECA”
¼ de cucharadita de sal
1 ½ taza de agua limpia
1 bol de vidrio o de plástico y 1 comal propio o ajeno

Ingredientes para el relleno
1 cebolla soberbia pero no tanto
2 puñados de pío pío (dos porciones de pollo de ayer o antes de ayer que esperaban escondidas en la heladera)
2 puñados de queso fresco cortado en dados de la suerte
1 puñadito de queso rallado
Algunos segundos de sal, algunas certezas de pimienta

Acción
Mientras Ricardo Arjona canta “Señora de las cuatro décadas” has de saber que con 4 tazas de “Maseca” te salen 12 tortillas. Bol mediante, une la harina y el agua y forma una masa húmeda con la que harás bollitos que vas a dejar reposando mientras miras las malas noticias que entrega la TV. Luego, forma las tortillas y las llevas a fuego sobre el comal. Mientras tanto, corta la cebolla a la pluma y con la paciencia del resto de aceite que siempre se queda en tu sartén, sofríe la cebolla y el pío pío que vas a condimentar como Dios manda. Cuando el sofrito esté dorado, agrega los dados de queso fresco y el puñadito de queso rallado. Distribuye este preparado sobre las tortillas recién hechas y que Arjona las pruebe y mientras tanto, que deje a las señoras tranquilas.

Tacos mexicanos con valor agregado

Mercadería para la masa
3 tazas de harina
3 cucharadas de mantequilla
2 cucharadita de polvo de hornear
½  cucharadita de sal fina, casta y pura
agua tibia y limpia en cantidad necesaria


Mercadería para el relleno
½ k de carne de xoloescuintle (*)
3 dientes de ajo
2 cebollas
2 pimientos rojos
2 pimientos verdes
2 cucharadas de aceite de oliva
10 champiñones
1 pizca de orégano adolescente
sal nacional y pimienta importada

(*) “Elegante y de faraónica mirada, el xoloescuintle es un perro oriundo de la República mexicana. Fiel acompañante de múltiples pueblos prehispánicos, en la antigüedad era considerado un suculento manjar, costumbre que ha llegado hasta nuestros días gracias a los tacos callejeros y a los perros despistados.”
De “Animalia” de Rafael Toriz (México, Xalapa, 1983 -     )


Manos a la masa
Coloca en un recipiente  la harina, el polvo de hornear y la sal. Agrega la mantequilla e integra los elementos agregando un poco de agua tibia. Mezcla bien y formar un bollo que amasarás –sin exagerar- hasta obtener una masa suave y cariñosa. Luego divídela en doce partes y forma bollitos.
Cucurrucucú…paloma,  cucurrucucú …cantaba.
Deja reposar los bollitos por unos quince minutos en un lugar seco. Mientras tanto, tómate un tequilita del bueno.
Estira cada bollito hasta que alcance unos 20 cm. de diámetro aproximadamente; trata que queden todos más o menos iguales.

Calienta una plancha de hierro, o si no tienes una plancha,  una sartén antiadherente, para cocinar los tacos hasta que estén dorados. En medio de la cocción, da vuelta los tacos para que se cocinen en forma pareja y melodiosa. Cucurrucucú…
Manos al  relleno
Corta la carne de xoloescuintle, condiméntala con sal, pimienta y orégano a gusto. Mientras cantas o silbas una ranchera, vierte en una sartén el aceite de oliva y pon a dorar la carne. Luego, añade las cebollas, los dientes de ajo picados, los champiñones fileteados y los pimientos rojos y verdes cortados en tiras. Deja cocinar por 3 minutos y  revuelve la preparación. Retira del fuego, toma un taco rellena con todo lo anterior y tapa con otro taco… ¡una delicia manito!



                                  
Recetas asiáticas
para tiempos fáciles

A mis gemelas amigas
 Nelly  y  Beky Pérez Pichon

Lenguado al vapor al estilo coreano

El pescado relleno al vapor que nuestros coreanos llaman Oson, sirve tanto como entrada tibia como plato principal más algún acompañamiento.

INGREDIENTES PARA CUATRO COMENSALES

4 filetes de lenguado de 150 g c/u
3 zanahorias medianas cortadas en Juliana
125 g de hojas de berro
6 hongos Shitake cortados en rebanadas
175 g de chauchas tiernas
4 cdas. de salsa de soja
2 cdas. de aceite de maní
2 cdtas. de harina
2 claras de huevo para hacer una tortilla y luego, picarla en Juliana 
2 yemas de huevo para hacer una tortilla y luego picarla en Juliana
2 guindillas (ají sindical y picaresco)
1 cdta. de pimienta blanca
3 cdas. de aceite de sésamo
1 cda. de vinagre de arroz
1 cdta. de sal
½  cdta. de pimienta


PREPARACIÓN

Cortar los filetes de lenguado en tajadas diagonales y salpimentarlos.

Vierte en un wok un poco aceite de maní y rehoga las hojas de berro. Luego, vas agregando aceite de maní para rehogar durante dos minutos y por separado, las zanahorias, las chauchas y los hongos.

Pon todas las verduras rehogadas en una fuente y rocíalas con una cucharada de aceite de sésamo y dos de salsa de soja.

Sazona la harina con sal y pimienta y espolvorea los filetes de lenguados de un solo lado. Sobre el lado enharinado coloca un poco de verduras y de tortillas de clara y de yema. Envuelve los filetes haciendo rollos.

Pon un trozo de gasa sobre una cesta de bambú y acomoda sobre la gasa los rollitos de pescado relleno con la unión hacia abajo. Pon la cesta de bambú sobre una olla con agua hirviendo y tápala para que el pescado se cocine al vapor durante 7 minutos. Retira los rollitos y ponlos en una fuente.

Prepara el aderezo con aceite de sésamo, salsa de soja, los ajíes picados y vinagre de arroz. Sirve los rollitos de pescado relleno junto con este aderezo que pondrás en una cazuelita.


Pinchos de langostinos como en Vietnam

Esta receta es una adaptación de las Chao Tom, es decir, de los pinchos de langostinos con albóndigas de camarones de Vietnam (Cộng hòa xã hội chủ nghĩa Việt Nam) que se sirven en palillos de caña de azúcar tucumana.


INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

12 langostinos pelados y desnervados con sus colas
200 g de camarones pelados y desnervados
1 cda. de semillas de sésamo
100 g de pan rallado
1 cda. de manteca
1 cda. de aceite de sésamo
1 cda. de aceite de maní
1 clara de huevo
1 cdta. de sal fina
½ cdta. de azúcar negra
1 cdta. pimienta negra recién molida
2 cdtas. de maicena
2 dientes de ajo picados
1 cdta. de ralladura de jengibre
6 gotas de Tabasco

PREPARACIÓN

Salpimenta los langostinos y los reservas en un bol.

Procesa los camarones con la clara de huevo, una cucharadita de sal, otra de pimienta, más la media de azúcar, las dos de maicena, los ajos picados, el jengibre. Deja reposar este preparado durante una hora en la heladera.

En una fuente mezcla el pan rallado y las semilla de sésamo. Divide el procesado de camarones en 16 porciones y reboza cada porción formando albóndigas pequeñas.

En 4 palillos pincha en forma alternada cuatro albóndigas y tres  langostinos. Enmanteca una asadera y pon los pinchos a hornear durante 10 minutos a 180º. Luego, retira la asadera del horno por instante.

En un bol une los dos aceites y las gotas de Tabasco. Con este aceite pinta los pinchos por todos lados y hornéalos nuevamente por un par de minutos.


Curry de pollo con limas

Este curry de pollo es una versión de una comida típica de Myanmar, país que antes conocíamos bajo  el nombre de Birmania. Para ellos este plato  se llama Kyet Thar Hin y lo preparan con  limas Kaffir. A partir de ahora, lo vamos a cocinar con limas de Jujuy.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

4 pechugas de pollo cortadas al medio
100 ml de jugo de lima Kaffir
3 hojas frescas de lima Kaffir (pero de Jujuy)
1 lata de tomate enteros de 175 cc
2 cebollas picadas finas
2 dientes de ajo picados
3 cdas. de aceite de maíz
1 cda. de aceite de sésamo
1 cdta. de cúrcuma
1 cdta. de semilla de coriandro molidas
1 ramita de canela
2 clavos de olor
1 cdta. de sal fina
1 cdta. de pimienta negra
1 lima cortada en gajos para decoración

PREPARACIÓN

En una olla con fondo grueso pon a rehogar la picazón de cebolla hasta que esté casi dorada, agrega el ajo, la cúrcuma, el coriandro, la canela, los clavos de olor, las hojas de lima y las pechugas cortadas. Revuelve para que queden bien impregnadas.

Abre la lata de tomates y pártelos en cuatro. Agrega esta picazón de tomates a la olla y cocina el curry a fuego moderado y a olla tapada durante 25 minutos.

Destapa la olla y agrega la sal, la pimienta y el jugo de lima. Si el curry está demasiado espeso, agrega media taza de agua hirviendo y cocina 10 minutos más.

Retira la canela, los clavos de olor y las hojas de lima. Sirve los platos y decóralos con gajos de lima.


Buñuelos de langostinos y brotes de soja

Este plato de aperitivo en Malasia se lo conoce como Rempah Rempah. Con esta receta vamos a preparar 20 buñuelos que llamaremos Rompa Rompa.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

300 g de langostinos pequeños, limpios y desnervados
 ¼ k de brotes de soja, 250 ml de aceite de maíz
 125 g de harina, 2 cdtas. de polvo para honear
 1 cdta. de semilla de coriandro molidas
 2 ajíes  y  4 cebollas de verdeo picadas finas
 2 cdtas. de salsa de soja, 1 cdta. de sal
 2 huevos batidos y  una pizca de cúrcuma

PREPARACIÓN

Elige 20 langostinos pequeños y picar el resto.

Pon en un bol la picazón de cebolla de verdeo, los ajíes picados, la picazón de langostinos, espolvorear la harina, el polvo para hornear, las semillas de coriandro, la sal, la cúrcuma, la salsa  de soja y los dos huevos batidos. Mezcla y revuelve con una cuchara de madera.

Saca una cucharada de la mezcla y encima de ella pon un langostino entero, húndelo un poco en el preparado y llévalo a freír durante 3 minutos en un wok con el aceite. Repite el procedimiento con el resto de la mezcla y de langostinos enteros. Escurre cada buñuelo y déjalo sobre papel de cocina. Sirve los buñuelos tibios.


Pinchos de cerdo a la Singapur

Estos pinchos de cerdo, que en Singapur se conocen como Pork Satay, lleva un marinado que utiliza el polvo de cinco especias: casia, semillas de hinojo, anís estrellado, clavos de olor y pimienta anisada, que en la calle Arribeños es vendida como pimienta Sichuan.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

½ k de pierna de cerdo cortada en trozos de 2 x 3 cm
100 g de panceta de cerdo cortada en trozos de 2 x 3 cm
4 dientes de ajo machacados
1 cda. de polvo de cinco especias
2 cdas. de salsa de soja, 2 cdas. de miel y 1 cdta. de sal

PREPARACIÓN

En un bol mezcla con la salsa de soja el polvo de las cinco especias más la miel, la sal y los ajos machacados.

Agrega los trozos de cerdo y revuelve para que se impregnen bien y deja macerar toda la noche en la heladera.

En los pinchos vas a ir ensartando trozos de cerdo alternados con trozos de panceta tratando que queden bien apretados. Asa los pinchos a la parrilla de 15 a 20 minutos de cada lado y sírvelos rápidamente.




新加坡共和国
Empanaditas Siu Mai

Si bien en  新加坡共和国 (Singapur) para  preparar estas empanaditas de cerdo y langostinos Siu Mai se utiliza masa wonton -una masa especial para cocinar al vapor- para esta receta usaremos masa de empanadas para horno “La salteña”.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

12 tapas de empanada para horno
200 g de carne de cerdo picada
12 langostinos crudos, pelados y desnervados
100 g de champiñones frescos y picados
3 cdas. de cebolla de verdeo picada fina
3 cdas. de salsa de soja
1 cdta. de azúcar negra
1 cdta. de sal fina
1 huevo
1 cdta. de pimienta blanca
1 cda. de manteca

PREPARACIÓN

Pon en un bol las colas de los langostinos, la carne de cerdo picada, la sal y mezclas todo con la mano. Agrega los champiñones picados, la cebolla de verdeo, la pimienta, el azúcar y la salsa de soja. Revuelve y pon a macerar en la heladera durante 30 minutos.

Procede a rellenar las empanadas colocando el preparado en el centro de la tapa y el doblez o repulgue hay que hacerlo hacia arriba, como quien hace una bolsita. Gira y aprieta para cerrar esta pequeña bolsita. Pon el huevo en una taza y bátelo ligeramente. Pinta cada bolsita con este batido de huevo.

Enmateca una asadera y distribuye las bolsitas. Hornéalas de 25 a 30 minutos a fuego moderado. Sírvelas caliente.


Berenjenas Thai

Estas berenjenas agridulces para preparar al horno, en ราชอาณาจักรไทย  o Reino de Tailandia, son conocidas  como Yam Makhua Phao.  Dicho sea de paso, en la pampas argentinas se están criando las mejores berenjenas del mundo.


INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

2 berenjenas grandes
50 g de camarones
2 cdas. de cilantro picado
2 echalotes cortados en rodajas
2 ajíes pequeños de mala reputación
3 cdas. de jugo de lima
3 cdas. de salsa de soja
1 cda. de azúcar negra


PREPARACIÓN

Parte las berenjenas al medio de manera horizontal y hornéalas durante 30 minutos.

Apenas estén tibias pela las berenjenas, córtalas en trozos y resérvalas en un bol.

Asa los camarones y cuando estén dorados, muélelos en un mortero.

Pon en una olla 1 taza de agua, el jugo de lima, el azúcar negra, los ajíes picados, las rodajas de echalotes y la salsa de soja.  Cocina a buen fuego durante 2 minutos.

Vierte este preparado sobre las berenjenas, agrega los camarones molidos, las hojas de cilantro y sirve.


Mariscos con leche de coco


Este plato de mariscos preparado con leche de coco, llamado Homok Talay,  es el otro caballito de batalla de la cocina de ราชอาณาจักรไทย.

INGREDIENTES PARA 6 COMENSALES

2 calamares medianos sin los tentáculos y cortados en rodajas
6 mejillones frescos que no tengan las valvas rotas
6 vieras
6 langostinos
6 pinzas de cangrejo cocidas
1 rama de albahaca
1 manojo de menta
4 guindillas (ají puta parió)
1 cebolla picada fina
3 dientes de ajo picados
3 vainas de cardamomo verde
2 cdtas. de ralladura de jengibre
1 cdta. de sal fina
1 cdta. de azúcar negra
3 cdas. de aceite vegetal
½ cdta. de cúrcuma
2 cdas. de agua de tamarindo
2 cdtas. de pimienta negra recién molida
1 litro de leche de coco bien espesa

PREPARACIÓN

Pon a hervir una olla con agua a hervir, agrega una pizca de sal y cuando rompe el hervor cocina los calamares por cinco minutos y los retiras y los escurres. Luego, agrega los mejillones y los cocinas un minuto. Los retiras y los dejas que reposen hasta que se abran las valvas y enjuagarlos para sacarles los restos de arena.

Prepara la salsa de la siguiente manera: en una olla de fondo grueso vierte el aceite para rehogar la cebolla, los ajos, los ajíes y la ralladura de jengibre. Cocina y revuelve durante 2 minutos.

Agrega la cúrcuma, las vainas de cardamomo cortadas finas, el agua de tamarindo, la sal y el azúcar. Revuelve y agregar la leche de coco.

Cuando el líquido rompe el hervor, modera el fuego y cocina 30 minutos hasta que la salsa se haya reducido a la mitad.
Agrega los mariscos, la rama de albahaca, las hojas de menta y la pimienta negra recién molida. Revuelve y cocina otros 5 minutos y retira la olla del fuego. Sirve caliente sin la rama de albahaca, pero con las hojas de menta y los ajíes.


Pinchos de brótola al estilo Pusut


Estas pinchos que no necesitan salsa  proceden de una variante de  las Satay  Pusut, una de las especialidades de la gastronomía de Indonesia, pinchos que llevan aún más ingredientes locales como pasta de camarones, nueces vela, limoncillo y hojas de lima Kaffir que aquí vamos a olvidar sólo por hoy.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

¾ k de brótola
¼ k de cebolla de verdeo picada
1 clara de huevo
4 echalotes
4 almendras peladas y picadas
2 clavos de olor
1 pequeña ramita de canela
¼ cdta. de ralladura de nuez moscada
1 cdta. de azúcar negra
2 cdas. de jugo de lima
2 cdas. de aceite de maní
1 cdta. de sal fina
 ½ cdta. de pimienta blanca

PREPARACIÓN

Procesa los echalotes, las almendras peladas y picadas, los clavos de olor, la canela en rama, la nuez moscada, el azúcar negra, el jugo de lima, el aceite de maní más el agregado de 2 cucharadas de agua, la sal y la pimienta. Pon a cocinar este preparado en una olla pequeña durante 5 minutos sin dejar de revolver. Luego deja enfriar.

Pica la brótola y únela a la picazón de cebolla de verdeo en un bol. Agrega el procesado anterior más la clara del huevo. Deja en la heladera para que repose un par de horas y tome consistencia.

Con esta mezcla forma con la palma de la mano bollitos del tamaño de una nuez. Ensarta en su centro un pincho o un palillo de bambú. Aprieta el bollito contra el palillo para que se adhiera a él y tenga una forma alargada. Continúa formando los pinchos con el resto de la mezcla.

Asa los pinchos 2 o 3 minutos de cada lado y sírvelos de inmediato.



Hak Tjin Tjan Nah Hiu

(Pato frito)

Este pato marinado y frito en abundante aceite, tiene este largo y antiguo nombre chino: Hak Tjin Tjan Nah Hiu. Vuelve a repetir estas cinco palabras y te se sorprenderás lo bien que estás hablando el idioma del imperio amarillo.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

 6 tajadas de pechuga de pato
200 ml de aceite de maíz
6 tallos de cebolla de verdeo cortada en trozos
1 ½ vaso de vino Shaohsing
2 cdas. de salsa de soja
1 cda. de ralladura de jengibre con su jugo
2 cdtas. de pimienta negra recién molida
6 gotas de Tabasco

PREPARACIÓN

En un bol vierte medio vaso de vino Shaohsing, una cucharada de salsa de soja, la ralladura de jengibre con su jugo, 6 gotas de Tabasco y casi toda la pimienta negra, menos una pizca. Revuelve y luego agregue las tajadas de pechuga de pato y deja marinando en la heladera durante un par de horas.

Coloca un wok a calentar y vierte el aceite. Cuando el aceite comience a largar humo, dora las tajadas de pato marinadas durante dos minutos de cada lado y las reservas en una fuente.

Escurre del wok casi todo el aceite, menos una cucharada que servirá para rehogar algunos segundos los trozos de cebolla de verdeo y sobre ellos colocas las tajadas de pato.

Vierte el resto del vino Shaohsing sobre el wok donde se están rehogando las tajadas de pato. Inclina un poco el wok hacia el fuego para que se encienda el alcohol del vino.

Al terminar este flambeado, agrega una cucharadita de sal, una cucharada de salsa de soja y una pizca de pimienta. Rehoga por un minuto más y sirve caliente.


Cordero a la Rogan Josh
  
Este plato milenario de la India, cordero patagónico con salsa picante y yogur, prueba que el yogur es también una creación más asiática que búlgara.


INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES


1 k de paleta de cordero
250 ml de yogur natural
50 ml de agua de tamarindo
4 cdas. de aceite de maní
2 cebollas cortadas en rodajas finas
4 dientes de ajos picados
1 cda. de ralladura de jengibre
2 guindillas
1 cdta. de pimienta negra
1 pequeña ramita de canela
1 cda. de semillas de coriandro molidas
½  cdta. de comino
2 cdtas. de sal
2 cdtas. de páprika
2 clavos de olor
2 cdtas. de sal
2 hojas de laurel
3 vainas de cardamomo verde


PREPARACIÓN

Pica la carne de cordero y  los ajíes o guindillas. Impregna la carne con el ají picado y  sólo una cucharadita de sal.

Procesa los ajos, el jengibre, la pimienta, la canela, las semillas de coriandro, el comino, la páprika, los clavos de olor y una cucharadita de sal, más el agregado de media taza de agua.

En una olla de fondo grueso vierte el aceite de maní para rehogar las rodajas de cebolla. Modera el fuego y agrega el cardamomo, las hojas de laurel y revolver.

Sobre este rehogado vuelca la carne de cordero picada, sube el fuego y cocina durante 3 o 4 minutos a olla tapada. Modera el fuego otra vez.

Destapa, revuelve y agrega el procesado de especias y semillas. Tapa la olla  y cocina otros cinco minutos. Luego, revuelve y agrega el yogur mezclado con el agua de tamarindo. Sigue cocinando a fuego moderado durante 50 minutos, revolviendo cada tanto y observando que no falte líquido para que el guisado no se queme. Este plato de cordero se suele acompañar con arroz Basmati.

Guiso de vegetales al yogur

Este guisado es conocido en India como Aloo Baigan Korma y es un plato vegetariano a base de papas, berenjenas y otros vegetales que conforman una recomendable comida sana para tiempos fáciles.

INGREDIENTES PARA 4 COMENSALES

250 ml de yogur natural y 250 ml de agua hirviendo
3 papas, 1 berenjena, 2 zanahorias y 3 tomates
1 ají de la mala palabra
100 g de chauchas tiernas
1 cebolla y dos dientes de ajo picados
2 cdas. de almendras molidas
1 cda. de semillas de coriandro molidas
1 cda. de ralladura de jengibre
3 cdas. de aceite de maíz
1 cdta. de sal fina
1 cdta. de cúrcuma y ½ de comino

PREPARACIÓN

Lava, pela y corta las verduras en trozos pequeños. Las papas y la berenjena en dados grandes, los tomates en cubos pequeños y las chauchas y las zanahorias en bastones de 5 cm.

Pon en una olla el aceite y rehoga la cebolla picada durante cinco minutos. Agrega las semillas de coriandro molidas, el comino, la cúrcuma, el ajo picado, el jengibre y revuelve.

Agrega lentamente el yogur y luego, las almendras. Vierte las dos tazas de agua hirviendo y revuelve. Agrega las papas y la berenjena. Añade la sal, revuelve y deja cocinar durante siete minutos. Agrega la zanahoria, la chaucha y el ají y cocina otros 15 minutos. Por último, agrega la picazón de tomates y cocina un minuto más. Antes de servir, decora con hojas verdes y no reveles tu fuente de información.
                             

Cinco antiguas salsas para postres

La  Salsapone

Esta salsa mafiosa y elegante requiere de la presencia del queso Mascarpone y de ningún otro queso crema parecido, por más caro que sea. La Salsapone no es otra cosa que una deliciosa salsa de mango para combinar con postres que están fuera de la ley.

Ingredientes

2 mangos a punto
1 taza de queso Mascarpone
½ taza de crema de leche de vaca
½ taza de yogur
3 cucharadas de azúcar impalpable
3 cucharadas de licor de café (Tía María)

Acción

Con toda la sensualidad de tus manos, lava y pela los mangos y disfruta.
Menos la pulpa que está cerca del carozo, que es demasiado fibrosa, saca toda la carne de los mangos que luego vas a procesar.
Mezcla la pulpa de mango con el queso Mascarpone, más la crema de leche, el yogur, el licor de café y cocina durante cinco minutos sin dejar de revolver.
Agrega el azúcar impalpable, revuelve y utiliza esta salsa de alta calidad para mejorar algún tiramisú, brazos de gitana, bolas de frailes, suspiros de monja, flanes caseros y besos prohibidos.

La  Salsaretto 

A diferencia de la salsa anterior, esta salsa itálica no es de  origen napolitano ni siciliano sino de la región del Véneto y como tal, no se debería preparar sin la presencia de Amaretto Disaronno y de frambuesas frescas.

Ingredientes

3 tazas de frambuesas frescas
4 cucharadas colmadas de azúcar impalpable
2 cucharadas de jugo de limón
1 taza de licor Amaretto Disaronno

Acción

Con tiempo suficiente y buen ánimo, lava las frambuesas y saca sus cabos.
Procesa las frambuesas para hacer con ellas un puré.
Tamiza ese puré de frambuesas.
Vierte ese puré en una olla  y agrega el azúcar impalpable, el jugo de limón, revuelve y cocina a fuego lento, reloj en mano, durante 7 minutos. Vigila de cerca la salsa y que no te distraigan las malas noticias de la televisión. Apaga el fuego y agrega el Amaretto Disaronno y ya puedes bañar con Salsaretto los pasteles que hizo la nona, los budines de fruta que ha hecho la tía o bien, mojar el biscochuelo.


La  Salsette

Una salsa para postres parecida a ésta, los franceses la llamaban Suzette, la salsa de las crêpes. Lo más probable es que durante la época de la peluquería profunda, Suzette haya sido una noble aunque golosa dama de la noche. Y probablemente ella se salvó de la guillotina por su talento profesional, que ejercía primero en la cocina, luego en el comedor y después en el dormitorio.


Ingredientes

1 taza de jugo de naranja 
½ taza de licor Grand Marnier guardado bajo llave
2 cucharadas de cáscara de naranja finamente picada
½ taza de azúcar mulata
½ taza de mantequilla
2 clavos de olor a barco del siglo XVII


Acción

En una sartén derrite la mantequilla y agrega el azúcar.
Baja el fuego y revuelve hasta que el azúcar esté a punto caramelo.
Retira del fuego la sartén, agrega el jugo de naranja, los clavos de olor  y el Grand Marnier guardado bajo llave. No dejes de revolver y recordar.
Vuelve a cocinar durante 10 minutos sin provocar incendios.
Agrega la picadura de naranja y utiliza la Salsette con frutas secas, budines, tortas, crêpes y helados a la crema.
   
La  Salsamelo

Se dice que esta salsa es de origen portugués con una poderosa influencia judía. También se recomienda que sea preparada con ron de primera calidad, de lo contrario, pierde el poder que la enriquece. La historia de esta salsa es más compleja: cuando la cocina sefardí  buscó refugio en Lisboa, llevó consigo su repostería, arte que había mejorado notablemente en España. Tiempo después, los judíos fueron invitados a abandonar Portugal y muchos de ellos buscaron refugio en Holanda. Fue en Ámsterdam donde esta salsa errante logró entrar en la cocina del palacio real y desde allí la Salsamelo, que nunca dejó de ser una  salsa de caramelo, pasó a ser cocinada y viajada por la holandesa Compañía de Indias.

Ingredientes

1 taza de crema de leche
1 taza de azúcar portuguesa o negra
½ taza del mejor ron de la Isla de Santo Domingo (Brugal
2 tazas de agua mineral naturalmente gasificada (Perrier)


Acción

En una sartén pon a hervir el agua mineral y cuando suelta el  hervor, agrega el azúcar sin dejar de revolver. Cuando se empieza a formar el caramelo, baja el fuego.
En una olla pequeña pon a calentar la crema de leche y agrega el ron. Cuando entra en ebullición, revuelve y vierte esta crema perfumada sobre el caramelo.
Sube el fuego de la sartén y cocinando algunos minutos más, espesa esta salsa refinada y valiosa.
Puedes utilizar la Salsamelo para iluminar obleas,  bañar helados y lubricar rosquillas.

La  Salsamendra

Siete ciudades han reclamado la maternidad de esta antigua salsa: Ur, Babilonia, Nínive, Tebas, Cartago, Alejandría y Roma. Hoy en día, se la recomienda para postres preparados con frutas. Además de lo que sugiere su nombre, la Salsamendra también lleva miel, polen y jalea real.

Ingredientes

½  taza de almendras tostadas
½ taza de miel
1 cucharadita de jalea real
1 cucharadita de polen
1 cucharadita de jugo de limón
2 yemas de huevo
1 ½ taza de agua mineral sin nada de gas


Acción


En una olla pequeña pon a hervir una taza de agua mineral y cuando ésta entre en  ebullición, vierte las almendras tostadas y cocínalas un par de minutos. Luego, escúrrelas. Procesa las almendras  junto a media taza de agua mineral, el jugo de limón, la miel, el polen y la jalea real. Vuelca este procesado en una olla  y agrega las yemas de huevo. Cocina tres o cuatro minutos, revuelve, deja enfriar y utiliza esta salsa como lo hacían desde tiempos remotos, persas, griegos y romanos, que rociaban con Salsamendra las frutas picadas que eran servidas en cuernos, ritones y cálices.

No hay comentarios:

Publicar un comentario